Biografía
Miles Davis y Carlos Santana la compararon con Madonna. Pero el guitarrista fue más lejos: “Madonna al lado suyo es como Mary Osmond”. Con el trompetista llegó a estar casada durante un año que alcanzó para que el look y la música de él cambiaran para siempre. Musa inspiradora de Bitches Brew, sexualmente explícita cuando nadie lo era, negra cuando no existía la corrección política y compositora de cada una de sus canciones, entre 1973 y 1975 grabó tres discos secretos que los especialistas veneran. Después desapareció y recién ahora comienza su renacimiento.
Betty Mabry y la explosión eléctrica aparecieron en la vida pública de Miles Davis casi al mismo tiempo y, como correspondía a una revolución, en 1968. El disco se llamaba Files de Kilimanjaro, ella estaba en la foto de la portada y en el nombre de un tema, “Madamoiselle Mabry”, y allí se incluían, reemplazando a dos de los integrantes del quinteto, Chick Corea —que muy poco después cambiaría el piano por el Rhodes— y el contrabajista Dave Holland —que también se pasaría al bajo eléctrico—. La música de quien había estado asociado ni más ni menos que a los nacimientos del bop, del cool y del jazz modal cambiaba de rumbo para siempre. Ella era una modelo de 23 años que había estudiado diseño, a los 16 años se había convertido en musa de la movida artística negra de Nueva York, a los 18 había compuesto un éxito —”Uptown”— para un grupo llamado The Chamber Brothers y en poco tiempo más inventaría lo que Prince haría famoso unos cuantos años después. Betty Mabry introdujo a Davis en la electricidad, en más de un sentido. Lo hizo conocer a Jimi Hendrix y a Sly Stone, y, seguramente, con sus largas piernas lo llevó a territorios que él jamás había sospechado durante los veinte años que llevaba siendo uno de los más intelectuales del jazz intelectual. Betty Mabry se casó con el trompetista y se separó el año siguiente, fue la inspiradora de Bitches Brew, y, entre 1973 y 1975 grabó, con su nuevo apellido, tres discos casi secretos que se convertirían en el objeto de culto más preciado del funk. En 1979 hubo algunas otras sesiones de grabación, editadas dieciséis años después, y nada más. Betty Davis sencillamente había desaparecido.